Donde el corazón de una Madre reside, desde el que nacen todo tipo de historias reales, sueños, utopías…cualquier cosa puede encontrarse como en el famoso “bolso de Mary Poppins”. ¿Por qué reinventarnos a nosotras mismas? Mejor, ¡¡Reinventemos el Mundo!!. Cómo decía un antiguo matemático, “Dadme un punto de apoyo y moveré el Mundo”. Las Madres (y los padres “de verdad”) somos ese punto de apoyo, en nosotras reside hoy la responsabilidad de educar a los hombres y mujeres que crearán el mañana. En nuestras manos está la fuerza para poder empezar a reinventar el mundo, así nuestros niños y niñas vivirán en un mundo más solidario, sin injusticias, sin pobreza…Es verdad, todo esto suena a utopía, pero también el hombre pensaba que nunca podría volar junto a los pájaros y ahí están los aviones…

Sobre mi

Cuando llega “SanViernes” y una mamá ha conseguido superar gloriosamente la semana, después de tender el biberón junto con el resto de ropa, sí, leéis bien, el biberón, así es, por “circunstancias” de la vida, llamémoslas así, apareció en el cesto de la ropa, no se sabe cómo…(aunque vosotras seguro que lo intuís…),  y, tal cual, entró en la lavadora camuflado entre las camisetas, ¡¡desinfección total!!.Tras llegar al trabajo con las deportivas, que es de lo mejorcito que puede llevar una mamá, aunque combinado con un traje la verdad es que queda algo rarito…¡Creando nuevas modas!. Y  después de presentarse en el médico cuatro días antes y estar esperando una hora y media sentada en la sala de espera y descubrir, con cara pánfila, que ese no es el día de la cita, eso sí, la hora si era la misma, llega por fin “SanViernes” y la mamá recapacita y piensa en aquella reunión de varias horas en la que no paraba de intentar “atajar” para poder cumplir con su horario y poder llegar a recoger a sus pequeños, en ese tipo de reuniones las madres sacamos nuestro arsenal pesado e intentamos hacer valer nuestra gran virtud de cambiar de tema cuando se ha formado un bucle sinfín en el que los jefes desvarían sobre infinidad de detalles irrelevantes…lo más enriquecedor que esa mamá sacó de aquella reunión fueron los últimos minutos cuando una mamá que se reunía con ella de otra empresa le confesó lo que verdaderamente pasaba en su entorno

Era una mañana de septiembre, en la que el calor del verano empezaba a dejar paso al fresco otoñal. Por aquel entonces estaba embarazada de casi tres meses y las náuseas y mareos se apoderaban de mis mañanas. Aun así, casi sin fuerzas, cada día iba conduciendo atreves de la marabunta de la ciudad para llegar a mi trabajo. Cada segundo que pasaba se hacía eterno, el malestar se acentuaba cada vez que el mazo del tiempo caía sobre mí, miraba una y otra vez como iba moviéndose aquel estúpido reloj y yo sin poder llegar al trabajo para la reunión con mi responsable. Así cada día, de cada semana, así el estrés se fue apoderando de mí y lo que es más importante de mi corazón. Cuando fui a la revisión con mi ginecólogo me avisó que debía bajar el ritmo, que mi corazón lo estaba resintiendo y que mis pulsaciones por momentos llegaban a 140, (vamos que la DGT podría hasta multarme por exceso de velocidad). Así empecé a darme cuenta que...                                                                                                                                         

Agosto 2010, Perú

Esta historia es una historia real, seguro hay miles de historias similares que ocurren día a día. Aquel viaje que con tanta ilusión iniciamos parecía iba a ser un viaje más, rodeado de hermosos monumentos y playas encantadoras, pero ¿quién me iba a decir que aquella pequeña ciudad más allá del “charco” me dejaría una profunda huella?. Aquella mañana partimos hacia Paita (Perú), caminando hacia el puerto llegamos a “la oficina de turismo”, fue increíble ver con qué ilusión nos contaban las ideas que tenían para promocionar aquel recóndito lugar, los medios de los que disponían eran muy escasos pero su ímpetu era enorme. Allí nos aconsejaron no ir solos por la ciudad porque era realmente peligroso y nos recomendaron ir a un pueblecito cercano para intentar divisar ballenas.

Al llegar al pequeño pueblo desde donde salía el barco nos estaba esperando la guía de turismo del lugar, y allí estaba ella con su ropa desgastada, su pequeño niño de cuatro años de la mano y sus enormes ganas de cambiar el mundo, de querer dejar a su hijo un lugar mejor para vivir. Su forma de contarnos sus planes nos llegó al corazón y más aún nos quedamos perplejos cuando nos llevó a conocer su “museo del mar"...                                                                                                                                                
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