Tal día como hoy, cuando queda muy poquito para la Nochebuena y ya sientes a tu bebé dentro de ti, empiezas a pensar en las suculentas cenas y comidas que te deparan las fiestas, te deleitas recordando las navidades pasadas, con esos canapés, esos langostinillos con su mayonesa, aquel chuletón a la parrilla en su punto y ese jamoncito ibérico que sueles comer de pascuas a ramos cual manjar de reyes, y de repente, entre tantos placeres culinarios te viene a la memoria tu primera visita al ginecólogo donde, entre miles de nuevas pautas a seguir en tu vida, te da los "diez mandamientos" de casi toda embarazada: (repito ¡casi! porque algunas “suertudas” se libran de algunos de ellos )

     No comerás carne poco hecha (¡Ay! ¿¡Qué será de mi chuletón al punto!?)

      No comerás ningún tipo de embutido crudo curado (¿perdón? ¿eso incluye el jamoncito serrano ibérico?

      No comerás queso sin pasteurizar (¿pero eso no era solo para la leche?)

       No beberás alcohol (¡Ay mi vinillo con mi chuletón!)...

Así que en ese instante caes en la cuenta de que estas fiestas no serán iguales que las anteriores, y justo cuando se disponían a desfilar ante ti multitud de platos deliciosos, te ves inmersa en una nueva odisea de aprendizaje de lo que puedes y no puedes comer…

A cuatro días de la sublime cena de Nochebuena llamas a la anfitriona de la fiesta (tu madre) y le das una clase magistral de todo cuanto te explicó el médico, después vuelves a llamarla unas veinte veces para confirmar que le ha quedado todo bien clarito volviéndola loca  y ella a su vez vuelve loco al charcutero, así que tu madre, siguiendo tus instrucciones, consigue que hasta el encargado mayor del reino Mercadona se preocupe por si el queso provolone está hecho o no con leche pasteurizada , y tu madre, ante la duda y conociéndote como te conoce, decide no llevárselo por si acaso Mordor se apodera de tu casa esa noche…

Por fin llega el día de Nochebuena, te sientas en la mesa dispuesta a comer “tranquilamente” echándote, como siempre, unas risas con tu familia. Ya está la mesa puesta, la cubertería típica de estas fiestas y los anfitriones trayendo los platos con las delicatesen, (esta vez te has escaqueado de poner la mesa porque andas que no puedes con tu cuerpo, y de momento, eres la niña mimada…Nota: tu puesto será desbancado por tu pequeña en las fiestas del próximo año, pero…la verdad es que no te importará…). Tu madre, sonriente, pone el plato en la mesa y, de repente, tu cara empieza a parecerse poco a poco a la de la niña del Exorcista y preguntas,

  Mamá ¿Qué queso es ese?-Tu madre te mira con cierta congoja y responde.

  Queso Roquefort, el azul cariño, el de siempre.

  Pero y ¿eso del moho? ¿tú crees que podré comerlo? ¡Pero si es moho!

Así que tu madre “recula” y vuelve sobre sobre sus propias pisadas hacia la cocina llevándose consigo el roquefort de tu plato y allí, con todos los platos preparados para salir en desfile, respira hondo y con temblor en las canillas poco a poco los va llevando y colocando sobre la mesa ante tu “atenta” mirada…Será una larga pero emotiva cena

Para aquellas embarazadas que anden un poco perdidas con esto de las comidas y las nuevas pautas en su vida, y más teniendo en cuenta las fechas que se acercan…aquí os dejamos lo que recomienda el Ministerio de Sanidad para una Alimentación Segura durante el embarazo _ Consejos Básicos para 40 semanas de tranquilidad

 

                                  


 

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