¡Ay, Amigo mío! Después de tanto oír hablar de ti durante el embarazo (porque antes apenas sabía de tu existencia, por no decir nada…), te imaginaba de miles de formas posibles pero ninguna de cómo verdaderamente eras. Llegaste  al mismo tiempo que mi pequeña convirtiendo cada rincón de lo que antes era yo en algo completamente distinto. En el hospital comenzaste a cogerme “confianza”, empezando así  nuestra larga amistad. Sin apenas tres días desde que empecé a conocerte te estableciste en mi casa como si fueras uno más, como si de un huracán se tratará, dejándome sin fuerzas para poder disfrutar de mi pequeña. El sueño, los dolores y la falta de energía, entre otras muchas bondades, han sido tus grandes aliados y tus mejores estrategias de expresión.  No pasó siquiera un día desde que llegaste a mi casa cuando empezaste a acampar a tus anchas por todas las habitaciones, convertiste todo en un verdadero caos donde los pequeños detalles de la tan cuidada decoración que antes reinaba (más o menos..) dejaron paso a una mezcla vintage, gótica, infantil y modernista combinados con poco...

 ...encanto y  mucho polvo. Junto a tu llegada, los juguetes, entre otros útiles infantiles, empezaron a adornar las estanterías quedando tras ellos las esculturas y recuerdos de aquellos viajes pasados que antes, con grandiosidad,  gobernaban  los armarios. Las energías que dejas, Querido, no dan para más y he ido aprendiendo a apreciar este nuevo estilo “Pseudo-Art decó” del que me siento totalmente invadida.

¡Ay Amigo mío! En cierto modo te doy las gracias por tu llegada porque contigo ha venido lo mejor que me ha pasado, mi pequeña, pero, por favor, te pediría que cogieras las maletas y nos dejaras y se fuera contigo esta sensación de culebrón en vena que tengo día sí y día también, que incluso con el panadero a veces se me caen los lagrimones cuando me pregunta simplemente “¿Qué tal?” Tras lo cual, sin quererlo, aprovecho para que el pobre me dé una sesión a modo psicólogo con mi bebé a cuestas.

Así que por todo esto, y por mucho más, que ahora mismo no recuerdo ya que este es otro síntoma de tu “maravillosa” llegada, te pido por favor, encarecidamente, que me dejes volver a cómo era antes, aunque verdaderamente, y en el fondo, sepa que desde aquel primer día de tu llegada ya no me podré deshacer de ti, sé que ya me acompañaras para siempre.

¡¡¡BUEN FIN DE SEMANA Y BUENA SUERTE!!!

                                                                                    


 

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Comentarios  

0 # Fina 20-11-2015 19:36
Muy irónico pero real el dibujo del post, muy acertado :D
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