Era una mañana de septiembre, en la que el calor del verano empezaba a dejar paso al fresco otoñal. Por aquel entonces estaba embarazada de casi tres meses y las náuseas y mareos se apoderaban de mis mañanas. Aun así, casi sin fuerzas, cada día iba conduciendo atreves de la marabunta de la ciudad para llegar a mi trabajo. Cada segundo que pasaba se hacía eterno, el malestar se acentuaba cada vez que el mazo del tiempo caía sobre mí, miraba una y otra vez como iba moviéndose aquel estúpido reloj y yo sin poder llegar al trabajo para la reunión con mi responsable. Así cada día, de cada semana, así el estrés se fue apoderando de mí y lo que es más importante de mi corazón. Cuando fui a la revisión con mi ginecólogo me avisó que debía bajar el ritmo, que mi corazón lo estaba resintiendo y que mis pulsaciones por momentos llegaban a 140, (vamos que la DGT podría hasta multarme por exceso de velocidad). Así empecé a darme cuenta que...                                                                                                                                         

el ritmo que llevamos no es bueno para una embarazada. Una vez me dijo una amiga, “Tu cuerpo ahora no te pertenece solo a ti, ahora tienes a una personita que es toda tu responsabilidad, la mayor que tendrás nunca en tu vida”, y que razón tenía, desde entonces hasta ahora he escuchado a multitud de mamás aguantando en el trabajo todo lo que le echaban y más, llevando una vida frenética y llenando los hospitales de partos prematuros. Pero esta sociedad tal cual está instaurada es la culpable de que nos exijamos tanto, debemos saber parar, la sociedad debe entender que una mujer embarazada, aunque no sea una enferma, no puede tener el estrés en su día a día, porque eso afectará a su bebé de por vida, y por ende a ella misma. Hay muchas barbaridades que nos hacen hacer en las empresas y debemos aprender a decir ¡NO!, no hay nada más importante en la vida que la propia vida y más aún la de nuestros pequeños que para nosotras son lo más grande que tenemos.

 Sí, es verdad que no todo el mundo puede permitirse el “lujo” de hacerlo, el miedo a que nos despidan es muy grande y por eso las empresas se aprovechan. Sí, si en teoría una embarazada está protegida por la ley, si, en teoría…y luego, después cuando te vuelves a incorporar, ¿Qué pasa?¿qué hacen las empresas?¿a qué nos relegan después de ser madres si necesitamos coger una jornada reducida?. Lo sé, sé que es difícil encontrar una solución pero la unión hace la fuerza y si somos muchas MOVEREMOS EL MUNDO PARA NUESTROS HIJOS. En muchas ocasiones me han contado otras mamás que el médico no les da la baja ni con 36 semanas de embarazo, llegando a casa a las 8 de la tarde, teniendo que encargarse de la casa (sí, su chico también pero ambos se reparten las tareas), la compra, la limpieza, la comida del día siguiente, bueno que os voy a contar que no sepáis. Me parece increíble que tengamos que estar en estas cuando la sociedad debería entender que cualquier sobre-exceso en un embarazo puede desencadenar muchos males, no estoy diciendo que nos tengan en palmitas (aunque tampoco estaría mal ;)) pero sí se debería decambiar la legislación para las mujeres embarazadas, solo son unos meses y deberían ser unos meses de tranquilidad y sosiego, de largas caminatas y grandes helados de chocolate.

 

conmovedora…

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Comentarios  

0 # Cansina33 11-09-2015 11:41
Hola, me gustó la historia ... la vida es asi .. a dar guerra y a mover el mundo !!!!
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