Va quedando menos del veranito y muchos ya estamos de vuelta, otros casi hemos olvidado los días de sol y playa y a otros quizás nos quede algún último coletazo veraniego, pero en breve todos comenzaremos el desenfreno de nuestra rutina diaria, aunque la verdad las propias vacaciones muy relajaditas no es que hayan sido. Algunos estaremos como locos por volver a esa ansiada rutina pero otros no querríamos volver ni locos y así andamos cada uno con nuestras propias sensaciones a flor de piel y prácticamente el 95%  de una forma u otra solemos tener depresión postvacacional (por favor ese otro 5% que nos explique cómo lo hacen jejeje). Por mucho que...

hayamos “sufrido” en nuestras vacaciones  cuando nos vemos en la oficina frente al ordenador o colocando el escaparate para la nueva temporada vienen a nosotros los recuerdos de nuestro pequeño rebozándose de arena hasta las orejas y un halo de añoranza nos invade,  pero toca seguir con los quehaceres diarios echando de menos aquella hermosa locura veraniega con nuestros pequeños, su primer baño en el mar, su primer helado en las fiestas del pueblo, su primer paseo por la sierra…

Y ahora no nos queda otra que adaptarnos y volvernos a adaptar a lo que nos va viniendo, no hay ninguna receta mágica que nos haga evitar esa sensación de tristeza, de hecho si estás triste por lo pasado es porque ha merecido la pena ¿no?…Pero tampoco me gusta pensar que de los 365 dias del año solo vivo para los 22 de vacaciones, anda que no habré dicho veces eso de “¡POR FIN VACACIONES!todo el año esperando para esto”,  pero ahora desde que soy madre algunas cosas en mi perspectiva están cambiando, entre ellas me gustaría dejar de pensar que solo vivo para ser feliz en vacaciones ¿y el resto del año?

Con la llegada de mis pequeñas ha llegado también la necesidad de pararme a ver los pequeños y maravillosos detalles del día a día, he decidido llevar su ritmo más pausado, (aunque no siempre pueda…), tienen tanto que enseñarnos…Recuerdo aquel día:

-          ¡Mamá! mira, mira que chulo.

-          Venga cariño que llegamos tarde.

-          Pero Mamá mira, espera, espera que lo cojo y te lo doy.

-          Venga, date prisa.

-          Mira mamá es para ti, se le ha caído el corazón al árbol…

Me quedé sin palabras, era la imagen del post, una hoja caída de un árbol con esa forma…y ahora siempre la llevo conmigo entre el móvil y la funda protectora para no olvidarme nunca de los pequeños grandes detalles del día a día y qué tan fácil puede ser perdérnoslos…

¡FELIZ VUELTA A LA RUTINA!

               
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