Así tal cual suena, no soporto su tono autoritario lleno de descontrol y frases sin sentido. La forma que tiene mi jefe de intentar “dar una lección” es gritando. Puede estar más de quince minutos con un tono despectivo y diciendo de todo menos cosas bonitas. Así es la realidad, la mía y la de muchos otros. El otro día sin más, a primera hora de la mañana, cuando apenas me estaba recuperando del madrugón me llamó a su despacho. En su gesto nada más entrar se divisaba marejada alta, por no decir Tsumani,  así que...

, como decía un profesor mío, me “apreté” los machos y allá que fui con la intención de aguantar el chaparrón.

La verdad es que no sabía muy bien porque me reclamaba, la cuestión es que allí estaba, sentada con los ojos como platos sin saber qué decir a tanta barbarie junta, pero lo que sí que sabía muy bien era lo que estaba sintiendo hacia su persona. Con su forma de hablar y de gritar, que retumbaba por toda la oficina, lo único que creaba en mí era un desprecio profundo, y ni que decir tiene que mi admiración hacia él como persona es nula. Sí, consigue lo que quiere con su autoritarismo, no solo ya de mi sino del resto de compañeros, pero nadie le ayuda en nada más, no he visto a nadie que haya hecho un esfuerzo más allá de lo que le corresponde.

Lo que más me dejó descuadrada es cuando al rato me vuelve a llamar y al final de la conversación me pide disculpas, se escusaba en que me había gritado como cuando uno llega del trabajo a casa lleno de estrés y de cansancio y le grita a sus hijos, esa fue su escusa, su vana escusa. Lo único que puedo decir de todo esto es que no me gustó nada que me gritara, la sensación que produjo en mí fue completamente desagradable, ya me entendéis… al salir de la oficina salieron de mi boca todo tipo de palabras malsonantes, ¡¡¡¡¡ûLD¡¡1!!jdflsdjjsxx!!!!, y más indignada aún con la excusa de sus hijos, pobres tener que aguantar a un padre así…

Así que me llevé una lección de esas importantes que te da la vida, de esas en las que sientes en tu propia piel lo que pueden estar sintiendo tus propios hijos con situaciones similares en las que el jefe sería yo misma, y lo que es más importante, de esas en las que puedes pensar en el poco cariño que puedan estar sintiendo tus hijos por ti si reaccionamos con gritos, con palabras despectivas, y eso, eso verdaderamente me preocupa, no deseo que mis hijos sientan odio y desprecio hacia mí, es lo último que deseo.

Pero todo dependerá de cómo afronte las situaciones de nuestro día a día, ellos serán lo que aprendan de nosotros, nuestras acciones serán las que imitarán cuando sean adultos, y no me gustaría que de adulto tratara a alguien como me han trataron el otro día a mi en el trabajo. Por eso, por todo lo que siento cuando grito y cuando me gritan estoy intentando no hacerlo, es duro muy duro pero creo que la recompensa merece la pena.

 

La paciencia es nuestra mayor aliada, pero el cansancio y el estrés son los mejores esbirros de los gritos asi que debemos hacerles frente por ellos, por nuestros pequeños y también, cómo no, por nosotros mismos. Hagamos que en casa reine un ambiente agradable o ¿no se está mejor viviendo así con alegría en vez de con gritos?. Desde aquí, igual que vosotros, estamos viviendo en nuestras propias carnes todo este mundo tan intenso de la maternidad, iremos aportando ideas y herramientas para poder hacer frente a todo esto, apoyándonos en las diversas metodologías, pedagogías, psicologías, ciencias, etc… para intentar no caer en los gritos (los de verdad, no los de “alzar” la voz) y llegar a una crianza más respetuosa para todos, porque la teoría nos la sabemos casi todos pero la práctica, como sabéis, es bien distinta…En esta introducción ya hemos empezado aprendiendo algo y es:

"Cómo nos hace sentir ese tipo de situaciones a nosotros mismos y por ende a nuestros pequeños..."

               
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