De repente, y sin previo aviso, una mañana de un fin de semana cualquiera consigues poder dedicarte unos pocos minutos frente al espejo, increíble pero cierto…

En un alarde de escaqueo acabas encerrándote en el baño (nota: no dejar que vea tu pequeño cómo cierras los cerrojos del baño sino quieres que luego se quede encerrado el solito…), allí en la “soledad” del baño pasan por tu cabeza las pintas que habitualmente llevas …¡Qué olvidadas nos tenemos algunas mamás en nuestro día a día!. La coleta es...

...es tu mejor arma frente a tus malos pelos diarios, ¡que no falte por nada del mundo una goma de pelo en tu ajuar!, te la plantas y ala a tirar “palante”. Pero la coleta no hace milagros y si llevas más de dos meses sin ponerte el tinte las raíces empiezan a tomar terreno y, poco a poco, se van apoderando de tu cabellera dejando entrever esas maravillosas canas que dicen tanto de todo cuanto has vivido hasta el momento. ¡Deberíamos ponerlas de moda y llevarlas con mucho orgullo porque son dignas de lucir!

Las miles de sombras de ojos han acabado en el fondo del armario y siempre tiras de las mismas, eso cuando te da tiempo a ponértelas, porque por lo general, y como mucho, te pintas la rayita que más que rayita es un zigzag por las prisas...Y, de pronto, observas que tienes más ojeras que Morticia y cuando te dispones a echarte “pote” sale de ti ese espíritu luchador y te dices ¡Basta de ocultar tonterías!.

Las deportivas suelen ser tus mejores aliadas. Huyes del tacón (como casi la mayoría..), no vaya a ser que entre tantas idas y venidas, entre tanto arrodillarte a un metro del suelo para hablar con tu pequeño, te la vayas a pegar y te dices a ti misma, ¡así no sufren tanto nuestros maravillosos pies que tan castigados los tenemos!.

Cuando, más o menos, te has vestido como has podido, porque uno de tus grandes Amores ha decidido quedarse entre tus piernas jugando con todo cuanto pasa a su lado (incluyendo tus preciosas y delicadas medias…) por fin decides que lo mejor será llevar un vestido o pantalón cómodo, volviendo a guardar aquel vestidito estrecho (que por cierto nadie te asegura que aunque lo sigas guardando te vuelva a valer…). Con el pantalón ya encasquetado sientes unos pequeños bultitos que hacen que tus cartucheras sobresalgan algo más de lo habitual, y detectas que es porque llevas guardado en los bolsillos los siguientes “materiales”:

      1.  Una rueda de coche de juguete, que tu peque llevaba días buscándola desconsolado y tu junto a él te pasaste varios días buscándola como loca. Por tal despiste ya cumpliste una condena de varias horas de berrinche continuado junto con una de esas rabietas históricas de duración una tarde entera.

2.  Unas cuantas gomas de pelo, de esas, de las pequeñajas, de las gomitas de colores…

3.  Y una bola de pañuelos de papel usados pero no por ti…entre mezclados con varias obsoletas listas de la compra.

Pero al final, a una hora más o menos prudencial, consigues salir de casa. Te miras contenta en el espejo mientras baja el ascensor porque no te ves del todo mal y justo, justo en ese momento en el que te veías victoriosa tu mirada se desvía a tu hombro donde tu pequeña te ha dejado un  lamparón que iluminará tu camiseta allá donde vayas, pero en ese instante la miras y ves cómo te miran sus ojos risueños que en un segundo te conquistan haciendo que la imagen del lamparón de tu camiseta quede olvidada tras su preciosa sonrisa

Y de nuevo vuelve a ti tu espíritu de lucha y reivindicas que …

 ¡Tus canas, tus ojeras, tus malos pelos, tus lamparones y todos tus “antiglamoures” son un símbolo de tu Amor por tus pequeños y de tu lucha diaria y deberían ser dignos de admirar por todos!

 

               
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