De los creadores de “¿Cómo viajar en coche con niños?(que podéis leer aquí) llega… “¿Cómo viajar en avión con niños?”.

¡Queda nada para que llegue Semana Santa!. Comienzan los días sin cole y los miles de desplazamientos. Con tu billete de avión en una mano y en la otra una “listita” enorme de cosas a llevar…ya te ves pasando unos días en familia y disfrutando de las torrijas.

En un primer instante te planteas durante un microsegundo la posibilidad de no tener que facturar, total vas a ir pocos días, pero en cuanto empieza a pasar por tu mente todo cuanto has de llevar, la mayoría de cosas clasificadas dentro de tu famosa sección “Los por si acaso”, caes en la cuenta que ese sueño no podrá hacerse realidad, en este caso no cuentas con todos los maravillosos recovecos de tu coche para poder ir metiendo bolsitas con multitud de artículos con lo que  tendrás que llegar con mucho tiempo de antelación al aeropuerto porque inevitablemente os tocará facturar. Cuando por fin logras meter todo en la maleta, más o menos organizado, con cara de felicidad...

...te dispones a cerrar la cremallera, pero no hay manera, te echas encima de ella varias veces pero sin ningún resultado. De repente miras a tu pequeña de 12 kilos, miras la maleta y la vuelves a mirar a ella y una bombilla se ilumina en tu cabeza.., plantas la maleta en el suelo y a tu pequeña encima de ella, con una mano la sujetas a ella y con .la otra, en todo un alarde de contorsionismo, vas cerrando la cremallera que está a puntito de estallar.  ¡¡Y por fin la consigues cerrar!! Coges a tu pequeña en brazos y te pones a dar saltos de alegría diciéndola,- ¡Ves cómo a mamá no le puede una simple maleta! Y de pronto, miras sus manitas y de ti sale un alarido ahogado -¡Noooo!- y ves que tu pequeña está jugando con el neceser que debería estar dentro de la maleta, en ese instante tu momento de euforia se desvanece y toca volver a empezar…Por fin tras varios intentos ya tienes todo preparado en la maleta, por si llueve, por si hace calor, por si hace frio, por si se hace pis, por si vomita, el por si del por si…

El día de tu partida sales por la puerta rezando para no dejarte nada de lo “imprescindible” y te diriges hacia el aeropuerto  como una mula de carga. Una vez dentro intentas como puedes llegar a tu asiento llevando contigo el bolso cambiador, tu bolso, la mochila con juguetes  y por supuesto con tu pequeño, (aunque vaya papá y todo se reparta es como si una estampida hubiera entrado al avión). Al ir avanzando por el estrecho pasillo solo se te oye decir al resto de pasajeros - "Perdón, perdón, perdón..."-
Por fin llegas a tu sitio, sin fuerzas ya ni para asustarte por el despegue que antes tanta congoja te daba,  ¡comienza la fiesta con tu pequeño!, pero llevas una cuantas de tus armas más potentes para intentar tenerlo tranquilo un ratito, entre ellas una bolsa gigante de gusanitos, (sabes que sanos son nada y menos pero esto es una excepción justificadísima).

Pero al cabo de poco tiempo tu pequeño empieza a desfilar por el estrecho pasillo, has intentado que coincidiera el vuelo con la siesta pero no hay manera de que se duerma de la emoción, es normal, es algo nuevo para él. El problema es que tú lo entiendes pero miras a tu alrededor y quizás, por sus caras, el resto de los pasajeros no

De pronto, la cara de tu hijo cambia, esa que tanto conoces y que te avisa de algo en lo que habías pensado y rezado para que por favor no pasara…¡EL MÁS DIFICIL TODAVÍA! ¡Toca cambio de pañal y no es el sencillo, sino el que conlleva más concentración!…Empiezas a pensar donde poder llevar acabo tal hazaña sin herir la “sensibilidad” ajena, y te diriges directa al baño del avión, allí al fondo, en un cuadrado de apenas un metro por un metro. Una vez dentro te percatas que hay una especie de “cambiador” pegado a la pared, en ese cubículo apenas tienes espacio para desempeñar tu función y para colmo se oye al comandante anunciar- Por favor regresen a sus asientos que entramos en zona de turbulencias-

Vaya, justo ahora los astros se han alineado, y tu ojos se quedan como platos. Aceleras todo cuanto puedes mientras tu pequeño se parte de risa por el vaivén…Así que ¿Y Por qué no?, tú también empiezas a partirte de risa mientras, cual el mejor de los equilibristas, sostienes al mismo tiempo a tu hijo con una mano y con la otra el pañal sucio…Y las risas suenan en el avión mientras surcas los cielos con tu bien más preciado. ¡FELIZ VUELO Y FELIZ SEMANA SANTA A TODOS!

                  

 

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