Hoy, como tantas mañanas, me he levantado muy temprano, mucho antes de que el astro rey dejara su letargo nocturno yo ya estaba en pie. Me he embutido en mi ropa como he podido y he salido tan deprisa hacia el “trabajo” que no me ha dado tiempo ni a desayunar, mis tripas sonaban como una manada de leones rugiendo.

Casi todos los días, tras una larga jornada, llego a casa agotada. La tensión que tengo en el “trabajo” me deja para el arrastre. Aunque la verdad es que no me puedo quejar porque no estoy del todo mal, pero me noto todo el día en alerta, al fin y al cabo estoy en el “trabajo” y no es lo mismo que estar en casa.

Por fin ha llegado...

...la hora de salir de la “oficina” y salgo por la puerta con los nervios a flor de piel. Ha sido un día intenso, lleno de nuevas sensaciones, contratiempos, sobresaltos…, solo quiero pasar un rato tranquila con mi familia y estar relajadita después de todo el día “trabajando”.

Aunque mi relación con mis compañeros es bastante buena a veces discrepamos en cómo realizar los proyectos que nos ha asignado nuestro “responsable”, y es inevitable que haya días en los que el ambiente está más tenso y acabamos enojados los unos con los otros. Hoy ha sido uno de esos días…

Además hoy también he intentado hablar varias veces con mi “jefe”, pero apenas ha tenido tiempo para mí, el pobre estaba a mil proyectos a la vez y me he sentido algo sola y apartada del grupo. Pero allí, en la “oficina”, recordaba la sonrisa de esta mañana, la que por fin veré esta tarde en casa, esa sonrisa que me despierta todas las mañanas y que me llena por dentro, su recuerdo es un refugio para mí durante los malos momentos que tengo a lo largo del día…

Así que al llegar a casa tengo unas ganas locas de contar cómo ha sido mi día en el “trabajo” y de estar toda la tarde con mi familia. Al entrar por la puerta todos me han saludado efusivamente, pero esta alegría ha durado apenas unos minutos y enseguida cada cual se ha puesto con sus tareas en casa, ¡todos tienen tanto que hacer…!y yo ahí, sentada, rodeada de cosas que apenas me entretienen unos minutos, cuando lo que verdaderamente necesito después de un duro día de “trabajo”, es esa sonrisa a mi lado, no necesito tener nada más, solo estar a su lado, ha sido un día muy muy largo...

Esta es la pequeña historia del día a día de mi bebé de tan solo diez meses, de cómo al llegar a casa necesita que esté a su lado, de cómo debe sentirse un bebé tan pequeño tantas horas alejado de su familia…Para un bebé el tiempo no es lo mismo que para un adulto, muchos pasan hasta 8 horas en una guardería e incluso algunos más, si a nosotros se nos hace eterno el trabajo imaginaros para nuestros pequeños lo que debe ser pasar tantísimas horas fuera del contacto de sus padres…Así que al llegar a casa me reclama y llora y se enfada porque lo que necesita mi bebé es a su madre(o padre).

No llores más mi pequeña, que cuando llegues a casa no miraré las pelusas del suelo y me dejaré caer en el sofá abrazada a ti….Y así algunas tardes las pasamos abrazadas la una a la otra, hasta casi una hora y ella sin rechistar, con mi compañía le basta para estar tranquila, porque ella me necesita más que a nada…Pero la pena me embarga porque todavía se sigue oyendo eso de “Cuidado que se está acostumbrando a los brazos”, es un pequeño bebé de 10 meses, y aunque tuviera más que bonito es que un ser humano reclame cariño, abrazos, amor…No se lo neguemos, no lo cambiemos por juguetes o por cualquier otra cosa…Intentemos dejar para luego las tareas que no son urgentes (¿Cuántas pueden haber realmente urgentes?) (Sé que es fácil decirlo y difícil hacerlo, estamos en una sociedad de “INCONCILIACIÓN FAMILIAR”). Crecerán rápido, y ahora, ahora solo nos necesitan a nosotros

PD: Hoy me gustaría dejaros una canción de Pasión Vega_Tan poquita Cosa, si tenéis un huequillo escuchadla sobre todo la voz a capella del final (buff sin palabras...y mira que a mí es difícil dejarme sin palabras jejej)

                  

 

Volver

cenebaBeatrizpotter2.png