Después de las tan señaladas fechas que hemos dejado atrás, todo el mundo empieza a hablar de la “vuelta a la normalidad” y te paras a pensar  ¿“normalidad”? (dícese cualidad o condición de normal) te repites tal significado y piensas que quizás esa no sea la palabra más adecuada para tu estado actual, porque el concepto de “normalidad” en tu vida puede variar mucho de un día para otro, lo que era normal hoy puede dejar de serlo mañana ¿quizás dependa de la alineación de los astros…?

También escuchas eso de la “vuelta a la rutina” (dícese del hábito de hacer las cosas por mera práctica y de manera más o menos automática), pero sigue sin convencerte ya que lo único que haces cada día de forma automática es...

...apagar el despertador a la misma hora lo cual no quiere decir que te hayas levantado a esa hora, quizás lleves dos horas despierta acunando a tu pequeño porque anda con uno de esos “virus” que se han instalado en tu casa y en casi todas las casas de la vecindad, o quizás haya sido uno de esos “gloriosos” días en los que solo te has levantado un par de veces en la noche para calmar miedos o simplemente dar un vasito de agua a tu pequeño.

Pero el sonido del despertador, ese sí que suena todos los días a la misma hora marcando el pistoletazo de salida para la cuenta atrás y poder conseguir que todos estén fuera de casa a la hora precisa para lograr llegar a tiempo, unos al colegio y otros al trabajo. Así que la palabra “rutina” hace tiempo que dejó de formar parte de tu diccionario particular…

Una vez en pie no sabes lo que puede depararte la mañana, ayer conseguiste poder ponerle la ropita a tu peque en 5 minutos (Nota: sabes que tendría que intentar ponérsela el solo y ayudarle así a lograr su autonomía pero a esas horas el pobre no consigue ni mantenerse en pie y el tiempo apremia…en fin siempre nos quedará el fin de semana para intentarlo…),  hoy quizás te haya dado por inventarte multitud de historietas que sabes que le gustan a tu pequeño  y así sacar la artillería pesada que estás aprendiendo sobre “cómo gestionar las rabietas”, pero aun así el caos se ha apoderado de todo, y en ese momento comienzas a hacer respiraciones de esas de relajación, incluso echas mano de las que te enseñaron en el curso de preparación al parto, ¿quién lo iba a decir que te servirían también para el postparto…? Mientras, el “estúpido“ reloj sigue descontando los minutos que te quedan para llegar a tiempo al trabajo y puede que un atasco monumental te espere a la salida de tu casa…

Pero, quizás, tras un largo día de trabajo cuando regreses a casa por fin puedas pasar un ratito con tu pequeño compartiendo sonrisas y, tal vez quizás, la noche te traiga algo de esa “normalidad” que ya poco queda en tu vida pero que en el fondo tampoco echas de menos

                  

 

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