Tal y como algunos me habéis pedido os dejo el cuento EL ÁRBOL SOLITARIO en formato post. Es un cuento que no tiene edad, cada mamá o papá lo puede leer a sus hijos tengan la edad que tengan, porque si un cuento así se lee con el corazon seguro que lo entenderán... 

 

 

Era una preciosa mañana, el sol brillaba sobre la verde llanura y el frio del invierno había ido dejando paso al agradable calor de la primavera. Entre las pequeñas flores que decoraban el paisaje, comenzó a crecer un delicado arbolito, tenía un hermoso color rosáceo que le hacía resaltar entre los matorrales y sus hojas eran suaves y brillantes.

Como cada día el arbolito se despertaba contento, esperando los cálidos rayos de sol que le ayudaban a crecer alto y fuerte, sus raíces se agarraban fuertemente al suelo de donde obtenía todos los minerales que necesitaba para llegar a ser un gran árbol. Cuando caía el agua del cielo en forma de lluvia le hacía cosquillas en sus frondosas ramas haciendo que se sintiera aún más feliz y contento porque el agua le haría crecer aún más, y así se convertiría en un árbol de aquellos que en la llanura llamaban “de los mayores”.

Poco a poco, bajo su fuerte tronco, fue creciendo una familia de pequeños conejitos. Estaban todo el día saltando y correteando a su alrededor, el arbolito se sentía muy dichoso de poder tenerles tan cerca y disfrutar de su alegría.

Una tarde uno de los conejitos se apoyó en su dura corteza, empezó a contarle historias de sus andanzas por la llanura, así día tras día se fue convirtiendo en su mejor amigo. Las tardes eran encantadoras con los rojizos del cielo sobre sus cabezas, riendo y soñando juntos hasta que mamá conejo llamaba al pequeño conejito para ir a dormir. Otras veces los hermanitos del conejo se acercaban a jugar junto a ellos, así pasaban los días llenos de felicidad.

Los días pasaban y los conejitos fueron yéndose lejos, algunos se iban a otros lugares a vivir formando sus propias familias, otros no volvían nunca más a poder corretear por las llanuras.

Al cabo de poco tiempo el arbolito se quedó solo, su pena le consumía cada día más y más. Miraba hacia abajo donde siempre habían estado sus pequeños amigos que tanta alegría le habían dado y se sentía muy triste al ver que no estaban. Hasta que un día alguien cerca de su hoja más alejada del tronco le picó en la corteza, le resultaba molesto y no sabía que podía ser, él solo quería que sus amigos volvieran.

El tiempo fue pasando muy despacito pero un día un pequeño pajarillo se asomó a una de sus ramas, riendo y cantando con un sonido embriagador, le llamó tanto la atención que giró su cabeza hacia arriba y descubrió que no estaba solo, que a su alrededor había toda una familia de hermosos jilgueros que llevaban allí mucho tiempo antes de que él se diera cuenta, no se había percatado antes de que estaban allí, junto a él, porque la tristeza no le dejaba mirar hacia arriba, se había obsesionado tanto en mirar solo hacia abajo donde antes estaban sus antiguos amigos que se olvidó de que el mundo estaba lleno de hermosos lugares donde encontrar nuevos amigos, donde encontrar de nuevo la felicidad.

Y así, los días volvieron a llenarse de alegría y nunca más dejó que la tristeza se apoderara de él.

 
                  

 

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