El pasado cinco de enero, como prácticamente todos los años, me dirigía a ver la cabalgata de reyes con mi pequeña, en el camino me topé con una mamá y sus dos pequeños que se disponían a hacer lo mismo… pero al escuchar a aquella mamá me vi completamente reflejada en ella, por suerte en ese instante yo estaba tranquila y relajada, y pude darme cuenta de la situación desde fuera.

 Aquella mamá no paraba de instar a los pequeños a que se dieran prisa, ya que según ella no iban a llegar a tiempo para poder ver la cabalgata y, entre las risas de los pequeños que disfrutaban el camino con juegos, la madre les decía que eran unos “pesados”, que por qué no paraban quietecitos, y el gesto de la mamá poco a poco se iba tornando en enfado… Muchas veces (quizás demasiadas) he sido yo también esa mamá, esa mamá que...

...se pierde las risas del camino para llegar a tiempo a cualquier actividad organizada, en teoría, para pasar un rato agradable con ellos.

Ojalá este año pueda contralar este tipo de “estrés” que nos creamos a nosotros mismos y que tanto daño nos puede llegar a hacer, transformando lo que podía ser una bonita tarde en algo completamente diferente...  

A continuación me gustaría dejaros el regalo que han traído sus Majestades de Oriente de parte de EL RETO DE SER MADRE en forma de cuento. Es un cuento que no tiene edad, cada mamá o papá lo puede leer a sus hijos, tengan la edad que tengan, porque si un cuento así se lee con el corazón seguro que lo entenderán…

                  

 

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