¿Habéis visto que hora es? Si, si, ¡son las 07:30 a.m.! Hoy la peque a las 06:30, como siempre, ha tocado diana. Esta noche, como no podía ser menos, y para intentar mantener un poco aquel “estilo” de vida que antes llevabas, has decidido trasnochar (con lo que eso posteriormente conlleva…) aunque fuera en casa, para celebrar la llegada del nuevo año, así que cruzas los dedos para que la suerte, aunque solo sea por esta vez, se ponga de tu parte y tu pequeño aguante un par de horitas más en la cama (ilusa de mí…).

Entre todos los preparativos para una Gran Velada junto a tu pequeño, has intentado que... 

...se echara doble siesta y así poder vivir con él su primera Nochevieja…(aunque el pobre en la cuarta campanada haya caído rendido…)

Como cada día, al dirigirte hacia tus “aposentos”,  te desvías y te acercas sigilosamente a la habitación de tu pequeño para comprobar que todo está en su sitio. Como si intentaras levitar entras para ver cómo duerme plácidamente, pero su sentido del olfato está creado para detectarte en cuanto atraviesas la puerta, de pronto, sus ojos se abren como platos, en ese instante tu cara enmudece y un grito ahogado se oye en tu interior ¡¡NOOoooo!!, media hora más tarde por fin sales de la habitación.

En ese preciso momento viene a tu memoria cuando, tal día como hoy hace ya algunos años, entrabas por la puerta de tu casa casi a la vez que el sol amanecía, te dedicabas un largo rato a desmaquillarte minuciosamente porque al día siguiente sabías que podrías dormir a pierna suelta hasta bien entrada la mañana…Ahora llegas al baño, te miras al espejo y ves cómo milagrosamente tu sombra de ojos y tu raya pintada han sobrevivido a tanto trajín pero esta vez miras al reloj y decides irte a la cama tal cual estás, ya quedan pocas horas para que toque diana…

Al llegar la mañana recuerdas cuando tras las uvas, a todo correr, te “embutías” en un vestido ceñido de lentejuelas negro, te pintabas cual puerta andante y salías a darlo todo a las famosas fiestas de cotillón. El alcohol corría por doquier y acababas en plena calle Gran Vía con unos churritos en una mano y en la otra tus zapatos de tacón, ¡cómo han cambiado las cosas! Ahora te miras mientras paseas por la calle a la misma hora que hace años y con la misma tradición, aunque esta vez todo tiene un “toque” algo diferente…,  los churros siguen acompañándote en una mano, mientras que en la otra mano ya no van contigo tus “queridos” zapatos de tacón sino que, en su lugar, agarrado a tu mano va tu pequeño sonriente…

¡¡FELIZ AÑO NUEVO!!

 

                                  


 

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